martes, 23 de junio de 2015

Paternidad



Por Julián LÓPEZ AMOZURRUTIA
Una osadía. Osadía santa. Osadía obediente. Pero osadía, al fin de cuentas. La introducción litúrgica al Padrenuestro lo expresa: “Nos atrevemos a decir ‘Padre nuestro'”. Nos atrevemos a decir. No nos atreveríamos, si no se nos hubiera enseñado. Y aunque se nos ha enseñado, nos damos cuenta de que es un atrevimiento.
En realidad, toda paternidad toma su nombre de la divina. Así lo constató el apóstol Pablo (cf. Ef 3,15). Por eso, todo festejo de los padres es implícitamente una celebración de la paternidad divina. Doble osadía. ¿Cómo podemos comparar el origen trascendente con el biológico o el psicológico? ¡Y más cuando el ejercicio de la paternidad humana se ha revestido de tantos errores y ambigüedades!
El hecho es que así fue la enseñanza de Cristo. Él, el Hijo, nos enseñó a pronunciar la palabra “Padre” de una manera nueva. En él adquiría un tono sorprendente. “Abbá”, decía, con la fórmula más familiar e íntima del arameo. Con un término cargado de ternura, de confianza, de solidez. Tal vez era una estructura humana particularmente lastimada por el mal, y que requería por lo tanto de ser redimida así. Como sea, tal fue la indicación del maestro. “Cuando oren digan: ‘Padre nuestro'” (Mt 6,9).
Los rasgos de ese Padre descritos por la palabra de Jesús abundan en la asimilación de un hermoso misterio. Es el Padre “que ve en lo secreto” (Mt 6,4.6.18). El que sabe lo que nos hace falta desde antes de que seamos capaces de formularlo con palabras (cf. Mt 6,8). En el que nos podemos abandonar, llenos de confianza (cf. Mt 6,32). El que es bueno y generoso con todos, incluso con los malos, y que nos invita a imitar su propia perfección, alcanzando un amor sin límites (cf. Mt 5,48).
Aprender que Dios es Padre es descubrir la dimensión más honda de nuestra propia filiación. Yo soy hijo. Y esto es, auténticamente, “buena noticia”, evangelio. Hace de la osadía una hermosa certeza. La misma del pequeño que se acerca a juguetear con su papá, aún cuando lo vea dormido. Él me quiere, él me cuida, él me ayuda a ser feliz. Puedo contar con él.
Espiritualmente, esta certeza también tiene muchas facetas. Ante todo, la que nos permite recordar la base última de nuestra dignidad. También fue san Pablo quien supo formularlo: “Pues no recibieron ustedes un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibieron un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!” (Rm 8,15). Por eso somos “familia de Dios” (cf. Ef 2,19). Estamos siempre en casa, no como advenedizos ni extranjeros.
Esta confianza nos otorga una fundamental alegría en la vida. Es bueno estar aquí. Mi existencia es una afirmación serena que se confirma incluso por encima de mis errores. Esta nota positiva incluye la entrada a la lógica divina. Cumplir su voluntad. No como algo que coarta la libertad, sino como el espacio justo para su recto ejercicio. La clave, finalmente, de la propia realización y felicidad.
Si soy hijo, los rasgos de mi Padre se reflejan en mi rostro. Soy imagen suya. Una imagen que se puede alterar, pero que estoy llamado a cultivar. Triple osadía. Al llamarlo “Padre” advierto que hay algo suyo en mí. En la vida, esto se vuelve una tarea. Honrar al padre del que somos hijos. Que su plenitud se actualice también en mí. Lucas lo matizó, con un horizonte no menos exigente: Ser misericordioso como Él, mi Padre, es misericordioso (cf. Lc 6,36). Tener entrañas compasivas, de modo que su amor indulgente y redentor se reproduzca también en mí.
La paternidad humana sigue obteniendo de la divina su parámetro más alto. Hermoso misterio, inagotable y admirable.

http://www.ideasclaras.org/las-noticias-de-hoy-23-junio-2015#pate

viernes, 10 de abril de 2015

¿Por qué es importante pasar tiempo con nuestros hijos? Un vídeo que lo gráfica muy bien


10 minutos al día pueden cambiar todo. Es lo que Save the Children, a través de  este vídeo, propone: que le demos a nuestros hijos ese tiempo para leerle un cuento. Si bien el objetivo es promover la lectura en la familia –aspecto imprescindible no sólo para hacer niños más virtuosos sino también para hacer crecer la cultura familiar— debemos atrevernos a más. No sólo leer 10 minutos sino darle a nuestros niños –y demás miembros de nuestra familia—esa atención que los hace sentir especiales, únicos, amados e importantes. Esos son los minutos –ojalá fuesen horas—que pueden cambiar no sólo el futuro de un niño, sino también el presente. Y no sólo de nuestros hijos, sino de los demás parientes y amigos cercanos. Sentarse a escuchar, poner atención, asentir y reír con ellos, es decir, ser generosos con nuestro tiempo, es un regalo maravilloso que no sólo tendrá efectos positivos potentes en la otra persona sino en nosotros mismos.

La donación de nuestro tiempo es generosidad sin límites

¿Por qué dar nuestro tiempo es la muestra más grande de generosidad? Porque es el único acto generoso que, a nivel de familia, podemos decir que tiene sin dudas, un motivo recto. Por ejemplo, si alguien le regala a su hijo el último tablet, algunos podemos dudar si es que realmente lo ha hecho por un acto de amor o si en el fondo siente culpa porque trabaja todo el día y no comparte con él nada más. Esto no sucede con el tiempo. Porque cuando damos tiempo estamos donando lo más valioso: a nosotros mismos. ¿Qué mejor regalo para un hijo, para un padre, para un abuelo, para alguien que se siente solo, que una persona que ellos aman les dedique muchos minutos de atención? Aunque parezca mentira, el simple hecho de sentirse escuchado es una inyección de felicidad y autoestima para cualquiera.
Hoy el tiempo es lo que menos sobra y, por lo mismo, debemos dárselo a las personas que más amamos. ¿Tirarías un brillante muy valioso al fondo del mar? Entonces no uses tu tiempo viendo un reality show o haciendo zapping. El mejor tiempo es el que usamos para estar con nuestra familia. Como dice un dicho popular: “lo comido y lo bailado no lo quita nadie”. Qué mejor que bailar y comer junto a los nuestros. Eso sí se quedará en el corazón y en la memoria para toda la vida.

La Mamá Oca

Directora at La Mamá Oca
Giuliana es comunicadora social y está estudiando una maestría en Matrimonio y Familia. Es mamá de una niña y un niño. Hace 4 años que tiene el blog La Mamá Oca que busca orientar a los padres en la crianza de niños felices basándose en la educación en virtudes.

jueves, 9 de abril de 2015

El matrimonio: un camino divino


 Con ocasión de la publicación del libro-entrevista de Benedicto XVI, Luz del mundo, se han difundido diversas interpretaciones incorrectas, que han creado confusión sobre la postura de la Iglesia Católica acerca de algunas cuestiones de moral matrimonial: Lea la Nota de la Congregación de la Doctrina de la Fe

"Pobre concepto tiene del matrimonio —que es un sacramento, un ideal y una vocación—, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia" (San Josemaría Escrivá de Balaguer)
Recogemos textos de san Josemaría sobre el Matrimonio cristiano.
"Afrontar esperanzadamente el futuro con fe sobrenatural no significa en absoluto ignorar los problemas. Todo lo contrario: la fe es nuevo acicate para la búsqueda cotidiana de soluciones, certeza de que ni la ciencia ni la conciencia de un científico pueden aceptar sinrazones de mentirosa eficacia, que lleven a negar el amor humano, a cegar las fuentes de la vida, al hedonismo sutil o al más burdo materialismo, que sofocan la dignidad del hombre y lo hacen esclavo de la tristeza.
Salvarán este mundo nuestro —permitid que lo recuerde—, no los que pretenden narcotizar la vida del espíritu, reduciendo todo a cuestiones económicas o de bienestar material, sino los que tienen fe en Dios y en el destino eterno del hombre, y saben recibir la verdad de Cristo como luz orientadora para la acción y la conducta. Porque el Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres. Es un Padre que ama ardientemente a sus hijos, un Dios Creador que se desborda en cariño por sus criaturas. Y concede al hombre el gran privilegio de poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio.
Las vidas humanas, que son santas, porque vienen de Dios, no pueden ser tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Al considerar la realidad profunda de la vida, se escapan del corazón humano sus afectos más nobles. i Con qué amor, con qué ternura, con qué paciencia infinita, miran los padres a sus hijos antes incluso de que nazcan! ¿Y acaso no vive por igual la generosidad incansable, la atención a lo concreto, o la serenidad de juicio, el teólogo que desmenuza el sentido de la palabra divina sobre la vida humana? ¿O no es también espera ilusionada, capacidad de intuición, agudeza de ingenio, la del médico que aplica los remedios más modernos para evitar el riesgo de una enfermedad congénita, que pone quizá en peligro la vida de la criatura aún no nacida?" ( Discursos sobre la Universidad El compromiso de la verdad Punto 8)

"El amor puro y limpio de los esposos es una realidad santa que yo, como sacerdote, bendigo con las dos manos. La tradición cristiana ha visto frecuentemente, en la presencia de Jesucristo en las bodas de Caná, una confirmación del valor divino del Matrimonio: "Fue nuestro Salvador a las bodas —escribe San Cirilo de Alejandría— para santificar el principio de la generación humana" (S. Cirilo de Alejandría; In Ioannem commentarius) Es Cristo que pasa, n. 24.
"Hablaré de algo que conozco bien, y que es experiencia sacerdotal mía, ya de muchos años y en muchos países. (...) El amor humano y los deberes conyugales son parte de la vocación divina.
Llevo casi cuarenta años predicando el sentido vocacional del matrimonio. ¡Qué ojos llenos de luz he visto más de una vez, cuando —creyendo, ellos y ellas, incompatibles en su vida la entrega a Dios y un amor humano noble y limpio— me oían decir que el matrimonio es un camino divino en la tierra!
El matrimonio está hecho para que los que lo contraen se santifiquen en él, y santifiquen a través de él: para eso los cónyuges tienen una gracia especial, que confiere el sacramento instituido por Jesucristo. Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado —con la gracia de Dios— todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive.
Por esto pienso siempre con esperanza y con cariño en los hogares cristianos, en todas las familias que han brotado del sacramento del matrimonio, que son testimonios luminosos de ese gran misterio divino —sacramentum magnum! (Eph 5, 32), sacramento grande— de la unión y del amor entre Cristo y su Iglesia. Debemos trabajar para que esas células cristianas de la sociedad nazcan y se desarrollen con afán de santidad, con la conciencia de que el sacramento inicial —el bautismo— ya confiere a todos los cristianos una misión divina, que cada uno debe cumplir en su propio camino". ('Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer'. La mujer en la vida del mundo y de la Iglesia Punto 91)
Todo lo necesario para ser santos
"Los esposos cristianos han de ser conscientes de que están llamados a santificarse santificando, de que están llamados a ser apóstoles, y de que su primer apostolado está en el hogar. Deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad.

"Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado —con la gracia de Dios— todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive" (San Josemaría)
Pero que no olviden que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad; en el aprovechamiento también de todos los adelantes que nos proporciona la civilización, para hacer la casa agradable, la vida más sencilla, la formación más eficaz.
Digo constantemente, a los que han sido llamados por Dios a formar un hogar, que se quieran siempre, que se quieran con el amor ilusionado que se tuvieron cuando eran novios. Pobre concepto tiene del matrimonio —que es un sacramento, un ideal y una vocación—, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido. Como dice la Escritura, aquae multae —las muchas dificultades, físicas y morales— non potuerunt extinguere caritatem (Cant 8, 7), no podrán apagar el cariño". ('Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer'. La mujer en la vida del mundo y de la Iglesia Punto 91)
No rebajar el don de la caridad
"Pedid con osadía al Señor este tesoro, esta virtud sobrenatural de la caridad, para ejercitarla hasta en el último detalle.
Con frecuencia, los cristianos no hemos sabido corresponder a ese don; a veces lo hemos rebajado, como si se limitase a una limosna, sin alma, fría; o lo hemos reducido a una conducta de beneficencia más o menos formularia.
Para que se os metiera bien en la cabeza esta verdad, de una forma gráfica, he predicado en millares de ocasiones que nosotros no poseemos un corazón para amar a Dios, y otro para querer a las criaturas: este pobre corazón nuestro, de carne, quiere con un cariño humano que, si está unido al amor de Cristo, es también sobrenatural. Esa, y no otra, es la caridad que hemos de cultivar en el alma, la que nos llevará a descubrir en los demás la imagen de Nuestro Señor". ('Amigos de Dios'. Con la fuerza del amor. Punto 229)

miércoles, 25 de marzo de 2015


Les pidieron que se miraran a los ojos durante 4 minutos.



 Nunca se imaginaron lo que verían en el otro

Dejémonos tocar por la ternura y la profundidad del otro. No tengamos miedo de mirarnos los unos a los otros.
Sin embargo las sonrisas van apareciendo en los rostros y la ternura se va desbordando en cada uno de los personajes. Va brotando una alegría muy natural de ver al otro, de contemplarlo, de haber visto la hondura de esa otra persona.






“Los ojos son la ventana del alma” dice una conocida frase. Y una mirada limpia, cara a cara se hace necesaria en toda relación. Así nos quedamos sin defensas frente al otro, siendo uno mismo. Como menciona el abuelito a su esposa: “Cuando te miro de cerca, me doy cuenta cuánto te necesito, lo que significas para mí, porque esa es la verdad; y no me podría imaginar con nadie más”.

Qué importante es darnos ese tiempo para “mirarnos”, sin máscaras, como menciona una de las parejas: “Cuan maravilloso fue sentarme aquí y ver a mi esposa para variar, sin discutir del trabajo, negocios, situaciones”. Dejémonos tocar por la ternura de la otra persona, por su sencillez, por el cariño que se expresa tan hermosamente en una mirada.

Eso me remite a pensar en cómo nos mira Dios. Con esa mirada llena de afecto a pesar de las veces que nos alejamos de Él y que quiere que lo miremos cara a cara, sin temor, siendo nosotros mismos:

"El mensaje que todos esperaban, que buscaban en lo más profundo de su alma, no era otro que la ternura de Dios: Dios que nos mira con ojos llenos de afecto, que acepta nuestra miseria, Dios enamorado de nuestra pequeñez."
Papa Francisco, Homilía en Misa de Navidad de 2014.

http://catholic-link.com/2015/03/06/que-ocurre-cuando-nos-miramos-a-los-ojos-video/

martes, 24 de marzo de 2015

Papá, ¿eres lo suficientemente valiente para no ser "guay"?


“No es nada lógico dar a mis hijos todo lo que me piden. Si lo hiciera, me convertiría en un “padre guay”, pero esta expresión me parece sinónimo de “padre cómplice”. Estaría colaborando con su falta de sobriedad. Pienso que nosotros, papás, necesitamos la virtud de la fortaleza para no transigir con los caprichos de nuestros hijos”.

Sabias palabras pronunciadas por un papá de una familia numerosa. Actualmente, se necesita valor por parte de los padres para proponer a sus hijos un estilo de vida sobrio y templado. Un estilo de vida que no está para nada de moda.

En primer lugar, lo deben hacer con el propio ejemplo. Ya lo dijo el famoso dicho: “quien no vive lo que enseña, no enseña nada”.Además de eso, solamente si los padres son sobrios entienden que la sobriedad es un bien de enorme valor para sus hijos.

En segundo lugar, es necesario dar a los hijos razones válidas por las cuales vale la pena vivir un estilo de vida semejante. Siendo conscientes de que los mensajes que los hijos reciben todos los días en la publicidad, en los medios de comunicación, de los compañeros de la escuela van, generalmente, en sentido contrario: ¡cuanto más consumas, más feliz serás!

Razonar con los hijos con paciencia. Que cada hijo comprenda que es amado por lo que es, no por lo que tiene o por su “imagen”. Crear una atmósfera familiar en la que se note lo verdaderamente importante que son las personas y no las cosas.

Un punto de suma importancia en este esfuerzo educativo es estimular la generosidad de los hijos con los más necesitados. Hacerles entender que, generalmente, sólo una persona que es sobria y templada, logra tener sensibilidad ante las necesidades de los demás y fortaleza para ayudarlos con generosidad.
 

http://www.aleteia.org/es/educacion/articulo/papa-eres-lo-suficientemente-valiente-para-no-ser-guay-5790730530324480?utm_campaign=NL_es&utm_source=daily_newsletter&utm_medium=mail&utm_content=NL_es-24/03/2015



martes, 17 de marzo de 2015

Ser maestro es un trabajo bellísimo, pero es una injusticia que estén tan mal pagados


Domingo 15 Mar 2015 | 14:39 pm

Ciudad del Vaticano (AICA):
¨Enseñar es un trabajo bellísimo, lástima que los profesores están mal pagados¨, dijo el papa Francisco al recibir este sábado en el aula Pablo VI del Vaticano a los miembros de la Unión Católica Italiana de Profesores. ¨Esto es una lástima, porque no solo es el tiempo que destinan para crear la escuela, sino que deben prepararse, pensar en cada uno de los alumnos, en cómo ayudarles a continuar hacia delante. Es una injusticia¨, subrayó.
Al recibir en el Vaticano a miembros de la Unión Católica Italiana de Profesores, el papa Francisco destacó este sábado que "enseñar es un trabajo bellísimo y de gran responsabilidad", por lo que consideró una "injusticia" que los profesores estén tan mal pagados.

"Es una lástima, porque no solo es el tiempo que destinan para crear la escuela, sino que deben prepararse, pensar en cada uno de los alumnos, en cómo ayudarles a continuar hacia delante. Es una injusticia", subrayó.

El pontífice basó su afirmación en la experiencia que tiene de la Argentina porque, dijo, es la realidad que conoce mejor.

"Los profesores, para tener un sueldo adecuado, deben al menos hacer dos turnos ¿Cómo logran hacer dos turnos?", se preguntó.

El Papa dijo que "en una sociedad a la que le cuesta encontrar referentes, es necesario que los jóvenes hallen en la escuela un ejemplo positivo" y estimó necesario contar con "profesores capaces de dar un sentido a la escuela, al estudio y a la cultura, sin reducir todo a la simple transmisión de conocimientos técnicos, sino tratando de construir una relación educativa con cada estudiante, que debe sentirse acogido por lo que es, con sus límites y virtudes".

"Enseñar es una gran responsabilidad, un compromiso serio que solo una personalidad madura y equilibrada